martes, 16 de diciembre de 2008

Libertad

¿Libertad? ¿Cuál libertad?
¿Acaso escogemos nacer? ¿Elegimos cuándo y cómo morir?
La Libertad es un espejismo. De lejos se la añora, de cerca -cuando creemos tenerla a mano- se esfuma en el aire.
¿Acaso escogemos a nuestra familia, la sociedad en la que vivimos, nuestro tipo de sangre o nuestro rostro?
Somos esclavos de lo que decimos y hacemos cada día.
Si dicen que la verdad nos hace libres, esa libertad es efímera porque automáticamente nos convertimos en esclavos de esa verdad.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Muerte


La muerte es el eclipse de la vanidad que para algunos significa la vida.
Vanidad que se extiende como un tejido putrefacto de colores ficticios que oculta el verdadero tesoro que es la vida.

Hay hombres que mueren pero sus almas perviven en el aire.
Otros creen vivir pero sólo pululan con el alma en agonía perpetua y rostros de epitafio que busca desesperadamente un nicho que lo cobije.
La muerte se alimenta de la vida. La vida necesita del aliento negro de la muerte para latir.
¿Qué sería de una sin la otra?
Ambas conviven a lo lejos en extraña comunión. Pero están unidas por un puente en el que en un extremo se oyen suspiros que callan y en el otro voces que suenan a regocijo.

Se parecen en más: Nadie pide nacer, nadie pide morir.

martes, 2 de diciembre de 2008

Pánico


Mis discursos son del tamaño de la eternidad.

En el escenario, siento cómo las brasas consumen mis cimientos alfabéticos.

En lugar de seres humanos veo ratas feroces y pirañas listas para devorarme.

Mientras intento hablar las cisuras de mi cerebro se manchan con la tinta de las palabras que se disuelven a medio camino.

Los titubeos de mis frases agrietan mi lenguaje corporal y la memoria desleal se clava en mi frente.

Palpo con los ojos las llamaradas de la multitud silente y murmurante.

Algún día cantaré de cara al fuego vehemente que aviva mi pánico.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Viaje


Todo es un viaje. Nuestra vida el trayecto.

Cada tramo representa un segundo, una hora, un día, una semana, un mes, un año.

Algunos paraderos son relumbrantes, otros oscuros y míseros.

La vida de los seguros se desplaza sobre rieles. Van directo al destino planificado.

La de los inseguros son planeadores llevados al libre albedrío por el viento; barcos que pierden la brújula en altamar.

El tiempo nos vende el boleto al primer aliento de vida, pero nos lo pide al aproximarse la muerte y nosotros sin saber cuando.

En la ruta recogemos cosas, desechamos otras. Al final, deberiamos quedarmos con lo de mayor valor. No siempre sucede.

Cada quien llega a un terminal distinto cuya estructura está aún por develarse.

No hay boleto de vuelta, eso es seguro.

Hay viajes que dejan huella. Otros se esfuman sin dejar rastros.