
Todo es un viaje. Nuestra vida el trayecto.
Cada tramo representa un segundo, una hora, un día, una semana, un mes, un año.
Algunos paraderos son relumbrantes, otros oscuros y míseros.
La vida de los seguros se desplaza sobre rieles. Van directo al destino planificado.
La de los inseguros son planeadores llevados al libre albedrío por el viento; barcos que pierden la brújula en altamar.
El tiempo nos vende el boleto al primer aliento de vida, pero nos lo pide al aproximarse la muerte y nosotros sin saber cuando.
En la ruta recogemos cosas, desechamos otras. Al final, deberiamos quedarmos con lo de mayor valor. No siempre sucede.
Cada quien llega a un terminal distinto cuya estructura está aún por develarse.
No hay boleto de vuelta, eso es seguro.
Hay viajes que dejan huella. Otros se esfuman sin dejar rastros.
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